jueves 12 de mayo de 2011

Infundio poético revolucionario.

Fotografía: Caliche Caroma

Cambios constantes en el itinerario contingente durante la última oficial llamada de atención. Complicada mezcla de autoritarismo y humor negro como los trajes usados para matar y morirse, para después de morirse. Negro el luto que te cubre cuando vas al funeral de tu amigo que fue asesinado por error terrible que no salió en la noticias de las ocho antes del meridiano. Naranjas, mandarinas, limones. Ácido y furioso federal, ejecutivo nacional surfeando balas y bombas. Jamás ha existido el Demos, sólo el Cratos. Aristos, ¿quiénes son? Etimología del pánico. Ni comen, ni cenan. Así es la pobreza, ha sido y será así, cada una de las décadas malditas de los hijos dejados en la puerta de este gran festín, cada una será miserable, en conjunto son ‘un vivir mejor’. Acá la revolución es una broma o un mitin, una sandalia que se arroja contra la cara, una canción y esa rosa roja en la tumba tráetela para dársela a la muchacha más sincera de todas, la muerte. La revolución es una vuelta completa, 360 grados sobre el estiércol ajeno Benito, no digas mu Margarita, no te avientes a los cerdos. Mu es una onomatopeya. No es cierto que sea mentira que la revolución se haya convertido en una payasada anacrónica. Sintaxis forzada, sintaxis perpetúa, sintaxis pena de muerte a los que venden drogas a tus hijos, ¿por qué no te las venden a ti? Homero no vivió el 68 ni fue hippie, no dio la vuelta al ángel. Jesús, ¿cómo te va? Los héroes revolucionarios ya están mareados de tanto estar chingado con su nombre, a punto de vomitar ectoplasma sobre las cabezas sin pelo de los tres poderes que no son tal. La revolución y el pueblo, dos pesadillas derechistas que ahora son oficio matutino izquierdista. Deberíamos de tener un tercer brazo y una tercera pierna. Zapatos para tres pies. Búscaselo al perro, al gato y al sacerdote del rito milenario. Mancillar a las madres de la patria. ‘¿Quién va a matar a los que matan?’ claman las madres y los padres y los chidos, dolidos ellos por pérdidas del darse cuenta. Revolución con SANGRE, que todos piden en silencio, en esas marchas remedo de otras marchas, un silencio agónico como el canto del himno nacional, esa es nuestra revolución. Conectando palabras sin una regla mínima se dicen las verdades máximas, pero no para todos. La independencia es subirse al metro y transbordar tres veces antes de que cante el gallo. Saca la muestra de orina de hace tres años para arrojarla a la constitución de los estados etílicos mexicanos, ¿qué constituye a la constitución? Una jeringa bastará para sanarme. Las múltiples menciones religiosas y políticas son resultado de las invasiones chichimecas en mi cabeza por esa publicidad ubicua que no me deja dormir. Ya están hasta la madre nuestros ‘ni ricos ni pobres’, ¿cómo estarán los que siempre han estado en ese estado maternal peyorativo? ¿Quiénes son los pobres más pobres? Las preguntas no se cobran cuando son gratis y se están haciendo a oídos sin cerebro. El hombre oído y el hombre ojo. La mujer que guarda las frustraciones para la hora de la cena. Cásate, ten hijos y atiende al hombre pene para vivir en familia. Prende la tele y reflexiona sobre todo lo que allí hay. La revolución masturbada, así me hubiera gustado llamarla. La llamo ahora: ¡puerca¡ La llamo ahora y no viene.

Caliche Caroma 2011